Per tutta l'estate i nostri e-books costano solo 2 euro e da oggi è possibile pagare con il cellulare
    La libreria di terrelibere.org
Gli africani salveranno l`Italia Gli africani salveranno l`Italia Tra la rivolta di Rosarno e razzismo quotidiano, la resistenza alle mafie
9.50 euro
Ponte sullo Stretto e mucche da mungere Ponte sullo Stretto e mucche da mungere Grandi infrastrutture, servizi pubblici e bolle speculative
8 euro, spese di spedizione incluse
Come i problemi globali diventano locali Come i problemi globali diventano locali Proteste, guerre, migrazioni e deriva securitaria
8 euro, spese di spedizione incluse
   
terrelibere.org > libreria > vuelo de pjaros

Guida E-Book
Mappa librerieAggiornata
Catalogo libriNuovo
Catalogo e-book
Recensioni (67)
Racconti (10)
Progetti (1)
Poesie (2)
Ipertesto (10)
Diari (8)
Domande frequenti
ipertesto Babel del calcio e della droga
Il caso degli ispettori generali Verdiani e Messana
`Es tan hermosa una mujer de pie...`



racconti La balestra
Parliamo del mare
I tifosi sognano




Condividi
segnalaSegnala    Aggiungi a FaceBook Aggiungi
compra il libro   Ordina su      
     
Vuelo de pájaros

Editore:
Anno:
Formato:
stats 3953 letture

Vuelo de pájaros
Territorios palestinos
Un vuelo hacia la muerte: la de Muhammed, un niño palestino entre tantos, culpable sólo de haber nacido en su propia tierra

Muhammed era tan sólo un niño de 10 años. Una vida demasiado corta para perderla. Considerable experiencia si eres un niño palestino. Y Muhammed era un niño palestino, uno de tantos. Amaba jugar con los amiguitos en el patio detrás de la casa. Es un patio pequeño, unos nueve metros cuadros en medio de los edificios y al lado de una callejuela lo suficientemente estrecha para que pase un solo coche a la vez. Allí los niños se sienten seguros. Los jeeps israelíes no logran pasar, y de allí los niños les pueden tirar las piedras sin ser alcanzados por sus balas. Allí los vecinos parqueamos los coches y, a pesar que el espacio se reduce aún más, el juego se hace más interesante. En la esquina del patio hay un cúmulo de ripio, hierros oxidados y piedras, esas típicas piedras color desierto que abundan en lo que queda de tierra Palestina. El ripio es algo que no falta acá. Construcción y destrucción lo siembran por doquiera. Casi todas las tardes los niños se reúnen en el patio. El juego es siempre el mismo. Hoy están reluciendo los juguetes del Ramadán. Los padres compran juguetes y vestidos nuevos a los niños para la fiesta del EL Ahid, el día siguiente el fin del Ramadán. El Ramadán es una gran fiesta, los rezos en la mezquita empiezan a las cuatro de la mañana. Todos los días el Imán puntual comienza los rezos. Y a las cuatros es la primera comida del día, después será ayuno total hasta el segundo llamado del Imán en la tarde, dependiendo de la posición de la luna, entre las cuatro y las cinco de la tarde. Y así durante casi un mes entero, también dependiendo de la luna. Las tardes del Ramadán son un espectáculo, todos andan de prisa comprando y preparando las mesas para el comienzo del banquete. Al no más escuchar la voz del Imán, en pocos minutos todo y todos desaparecen: las tiendas se cierran con una rapidez aún mayor de lo que acostumbran hacer cuando entran los jeeps israelí o los coches de vidrio polarizado que utilizan las fuerzas especiales para las incursiones miradas a asesinar o a secuestrar alguien. La única diferencia es el silencio que por fin cae en la ciudad durante las dos horas de la comida. Durante el Ramadán casi todas las mujeres utilizan el velo para cubrirse los cabellos completamente. Aunque hoy en días llevar el velo se ha vuelto costumbre consolidada. La casi totalidad de las mujeres en los Territorios Palestinos Ocupados “se han puesto el velo”; unas lo decidieron por desesperación otras por obligación, unas en la búsqueda de esperanza y otras por desesperanza. El velo es un poco como la fe, la necesidad de no perder o de recuperar la esperanza perdida, la búsqueda de protección de uno de los dioses que se supone que habitan el cielo, la obligación impuesta a las mujeres casadas o en “edad para casarse”. El velo obligado es un tema muy difícil, la sociedad está dividida entorno a esto, hay mucho debate interno, interno a las familias e interno a los amigos. No hay debate interno a la sociedad, la represión religiosa es más fuerte del sentir común y de la posibilidad de expresión “democrática”. La democracia es como el comunismo, todos tienen la idea general y en algunos existe la convicción que sería algo muy bueno para la humanidad, pero ya nadie sabe como practicarlos, ya nadie sabe como hacer para que la concepción ideal y el público clamor trasformen estados y sociedades en estados democráticos y sociedades comunistas (en este caso hay que tener cuidados al orden de los factores, al cambiarlo creo que también el productos cambiaria, y quizás haya sido este error de aplicación matemática lo que ha provocado el gran fracaso). Son controversiales los sentimientos que desata una mujer que lleva el velo integral, el ‘burqa’ afgano para entendernos. Cada día encuentro más y más mujeres cubiertas completamente, y cada día advierto el temor, la represión, la desesperación creciente. Las mujeres árabes son mujeres de una fuerza extraordinaria, de una estabilidad impresionante, de una seguridad en si mismas sin par. Son las que llevan el peso de la familia, que producen y reproducen para que esta sociedad no se muera. Velan por los hijos, les buscan trabajo, les buscan familia. Son las piedras sembradas en este suelo sobre las cuales se cimienta la resistencia del pueblo palestino. Antes las mujeres no utilizaban el velo como hoy, el fenómeno se difundió después de la segunda Intifada, la lucha popular masiva en contra de la ocupación israelí que se desató en dos ocasiones, la primera en 1986 y la segunda en el 2000. La segunda Intifada empezó cuando Sharon, el primer ministro israelí, decidió imponer sus botas invasoras en tierra sagrada: la planicie de las mezquitas en Jerusalén. El precio de la provocación ha sido otra porción de tierra ocupada y la matanza diaria de palestinos que parece no tener fin. Las dos Intifadas han sido diferentes, una empezó por rebelión y la otra en respuesta a una provocación. Definitivamente no es lo mismo aunque pueda parecer igual. En la primera Intifada los demás partidos palestinos estuvieron obligados a seguir el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), de matriz marxistas-leninistas. La segunda Intifada lleva el nombre “Al-Aqsa” como las brigadas del los “Mártires de Al-Aqsa” que con la organización “Hamas” son las dos agrupaciones que están ganando siempre mayor consenso. Ambas de matriz religiosa. Los militantes del FPLP se han dispersados casi todos, muchos han terminado en las cárceles, en aquellas israelíes y, también, para la vergüenza de la historia, en aquellas Palestinas donde, además, no pocos han muertos por las torturas sufridas. De lo que han sobrevivido, unos están aislados, muchos aún encarcelados, algunos en el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, una división surgida en la época de la represión interna, hoy parte del gobierno de la Autoridad Palestina. Y otros aún siguen perseguidos. Hace unos días han entrado en la ciudad los cuerpos especiales israelí, han circundado una casa, adentro estaba un compañero del FPLP reunido con sus familiares y amigos, no lograron atraparlo entonces detuvieron a todos los demás, vendados y esposados, detenidos a saber donde y a saber hasta cuando. Detención administrativa la llaman. Dieciocho días de interrogatorio sin parar, de tortura, de presión psicológica utilizando las armas más mezquinas, el llanto de los hijos, la voz que pregunta por el padre, la amenaza de detener a toda la familia. No existe palestino que no hay sido detenido, que no tenga familiar o amigo detenido o asesinado. Los juegos de los niños en el patio son siempre los mismos, juegan a la Intifada o a la ocupación. Unos hacen los palestinos y otros los israelíes. Y se pelean siempre por lo mismo, todos quieren ser los israelíes porque son más fuerte, más equipados y ganan. Todos quieren ganar. Hoy están jugando a la ocupación: una niña está deteniendo un pedazo de cartón que pretende representar una casa palestina que otros niños, interpretando los israelíes, tratan de demoler. Y así toda la tarde sigue el juego, no lo cambian, ni cambian los roles, ni la manera de jugarlo. Hoy Muhammed no ha llegado a jugar con los otros niños. Está arriba en el techo del edificio, el otro espacio para el juego, preparando una trampa para atrapar pájaros y venderlos al mercado. Está trabajando duro, quiere que la trampa funcione, necesita el dinero. El Ramadán se ha acabado y en la casa casi no hay dinero. No hay trabajo en los Territorios Palestinos Ocupados. El muro y la imposibilidad de entrar en Israel para trabajar, ha lanzado al desempleo casi el 70% de la fuerza laboral palestina. Esto ha provocado una crisis económica interna, las pequeñas tiendas están casi paralizadas y se ha generado más desempleo y menor poder de adquisición. Y como si eso no bastara, últimamente ha sido prohibido el ingreso en la ciudades de los Territorio Palestinos Ocupados a los árabes-israelíes (palestinos cuyas ciudades han sido incorporadas a Israel en 1948 al comienzo de la ocupación), que llegaban los sábados para comprar las provisiones de la semana. Los extranjeros, pocos, entramos con dificultades y, también, a partir del comienzo de año hemos recibido por escrito la prohibición a entrar en los Territorios bajo amenaza de expulsión. Unos han sido expulsados, otros seguimos acá, en los Territorios. Obviamente hasta cuando le haremos cómodo para que con la ayuda internacional puedan obviar a la responsabilidad prevista en las IV Convención Internacional, según la cuál toda potencia ocupante debe proveer para el sostenimiento y la protección de la población ocupada. El tema de la ayuda humanitaria no tiene solución fácil: si al proporcionarla favorecemos de alguna manera Israel, por otro lado irnos significaría dejar el campo libre, sin observadores, dejar completamente cerrados y sin relaciones la población palestina. La construcción del muro está avanzando inexorable, es una serpiente interminable, una herida sangrante en la tierra de Palestina, una herida que nunca podrá ser suturada. No es sólo el muro, la caída económica, la imposibilidad de comercializar libremente (se produce lo que se puede exportar en Israel y cuando Israel decide de importar), el desempleo creciente, la falta de espacios de vida, la imposibilidad de viajar, de moverse, de ir al río, al mar, a la montaña, la vida en el cemento y la superpoblación de los campos prófugos. La franja de Gaza es una trampa mortal, el espacio está reducido a los mínimos términos, sólo reinventando Atlantida, la cuidad sumergida, se lograría crear espacio para vivir. Sin embargo más que la falta de espacio de vida y del encierro dentro del muro, es la falta de perspectiva, de un proyecto político creíble, de una conducción honesta y comprometida, que está lanzando la gente en la depresión y en la violencia en sus relaciones sociales. Mucho se preguntan ¿resistir y morir para que? La rabia y la humillación diaria de vivir una vida encarcelada y controlada logran desembocar sólo en el martirio, en la extrema defensa, en la guerra interna y en el fatalismo religioso (‘ínschalla’, si dios quiere, es la frase frecuente). Ayer en la mañana, a las seis, sólo yo y la ambulancia estábamos tratando de cruzar el check point de salida de la ciudad. Nadie absolutamente nadie. Del otro lado sólo los soldados israelíes que tienen el poder de las “llaves”. Cruzas si ellos quieren, cuando ellos quieren, para ir sólo donde ellos dicen y después de sufrir sus humillaciones. Los médicos y choferes de las ambulancias están al extremo, tienen que cruzar varios check points durante el día para ir a buscar pacientes y llevarlos a los hospitales. Controlar una ambulancia a un check-point puede llevar horas, el paciente adentro, primero el control de los papeles, después el chequeo personal, después el chequeo completo de la ambulancia, del paciente, de los bolsos con la ropa personal, del instrumental medico esterilizado, suben con los perros, ensucian todo. Es una película del horror cada vez. A veces no hay manera, empieza la negociación que sube de intensidad y que metódicamente termina con el rifle apuntando en contra y la resignación de no poder cruzar, con un poco de suerte llega a tiempo la Cruz Roja Internacional para apoyar a la ambulancia. Y esto es el sistema, negociar, insistir, la respuesta siempre la misma “ordenes”, “seguridad” y, sin mediar demasiado, empiezan a empujarte con el mitra apuntándote en contra. Más los observo, más pienso a como sería fácil y sin embargo es tan difícil. Demasiadas las responsabilidades políticas de esta situación, demasiadas las responsabilidades de quienes han dejado que se llegara a tanto. Demasiados muertos pesan en esas conciencias. Incrustados en sus sillones de poder, después de haber dejado correr (contribuido y favorecido para que corriera) tanta sangre, han terminado por matar hasta la esperanza. Para no enfrentar la humillación y los riesgos de cruzar los check-points, la mayoría casi no se mueve. De toda manera, son siempre menos los lugares donde pueden ir. En Jerusalén, Bethlem, Nablus, Tulkarem, Jenin y Qualquilya entran sólo los que viven allí, así como en la mayoría de los otros pueblos. Al ver como los israelíes introducen medidas progresivas para cerrar siempre más los Territorios se me ocurre pensar en la experimentación de la teoría del caos. Un sistema cerrado en donde se van introduciendo variables para estudiar la reacción del sistema. Cada variable conduce a una explosión a representación fractal si mal no recuerdo. La solución del sistema será su control definitivo o su autodestrucción. Y como todo sistema, una vez comprobada su eficacia y posibilidad de solución, se puede aplicar en cualquier lado. Por lo tanto invito los matemáticos a estudiar el contra-sistema antes que su replica sea factible. Muhammed ha finalizado de construir su trampa para pájaros, está orgulloso de su trampa, no puede fallar, seguro atrapará algunos. La tarde está avanzada, los amiguitos jugando, el se aventura en los campos sembrados frente al muro de separación construido por los Israelíes. Sabe que no tiene que acercarse al muro. Ocho metros de altura, casi ocho veces su estatura. Antes de llegar al muro hay un recinto de alambre de púa electrificado y después una franja de tierra minada dicen. Sería imposible para Muhammed acercarse, ni quiere hacerlo, le da miedo esa serpiente invasora de cemento y alambres. Ha visto mientras lo estaban construyendo, ha ido con su amiguitos a tirar piedras a los soldados para parar las labores, ha escuchado las preocupaciones de sus padres y familiares, sabe de sus hermanos y primos encarcelados, ha participado en el entierro de su vecino asesinado, ha visto llorar a su madre en la desesperación por no saber de su hermano buscado por los israelíes. Tiene sólo diez años, demasiados pocos para morir, bastante si eres un niño palestino para aprender sobre la pena de vivir. Está avanzando despacio, en silencio en medio al campo, con su trampa en las manos, ha avistado unos pajaritos, están cerca del monstruo de cemento. Unos pasos más y logrará atraparlos. Está tendiendo su trampa cuando la ráfaga asesina lo centra en la cabeza. Emprenden vuelo los pajaritos espantados, también Muhammed emprende su vuelo, hacía la muerte. “Una figura sospechosa se había acercado al muro” dirán las fuentes israelíes y le hará coro la prensa mundial, de toda manera, afuera del muro, nadie podrá escuchar el grito de un niño cuyas alas han sido cortadas demasiado temprano, nadie quiere saber del dolor de un pueblo por sus niños asesinados, heridos, maltratados, encarcelados al nacer culpables de haber nacido en su tierra.