Coca Cola y su filial en Colombia,
Panamerican Beverages-Panamco S.A. participan en la guerra sucia contra el movimiento
sindical que se está desarrollando en Colombia, país que se ha constituido en
modelo de uso extremo de la violencia para imponer la mundialización neoliberal
y donde toda forma de organización social que resiste está siendo exterminada.
En este sentido, la transnacional Coca-Cola es uno de los peores ejemplos de la
globalización neoliberal: mientras sus ganancias ascienden cada día, las
situaciones de sus trabajadores es cada vez más precaria.
“Estamos enfrentando el verdadero
genocidio laboral, social y cultural que la transnacional y sus embotelladoras
hacen en contra de los trabajadores, nuestros hijos y nuestras esposas”
denuncia el sindicato colombiano SINALTRAINAL que representa los trabajadores
de las industrias de alimentos y desde muchos años lucha contra las políticas
discriminatorias de la mayor transnacional de gaseosas y la Panamco, su más
importante impresa embotelladora en América Latina.
En los últimos años han sido despedidos
en Colombia más de 10.000 trabajadores de Coca-Cola y han sido remplazados por
mano de obra temporal. Por medio de los contratos temporales, outsorcing y la contratación de
servicios, la transnacional evita los costos que significan la estabilidad
laboral y la seguridad social para los trabajadores. Por otra parte, la
transnacional y las empresas que funcionan bajo su franquicia, han
progresivamente desmontado las garantías conquistadas por los trabajadores y
consagradas en las convenciones colectivas de trabajo. En el año 1995 la Coca
Cola ha llegado a quitar el servicio médico a los familiares de los
trabajadores negándolos el derecho fundamental a la salud.
Frente a esta situación, los
trabajadores de las plantas de Coca Cola se han organizado y movilizado para
defender sus derechos pero la respuesta de la transnacional ha sido la
sistematización del terror y la represión. En los últimos 12 años, en Colombia,
han sido asesinado 8 trabajadores de Coca Cola, 4 de ellos en plena negociación
de pliego de peticiones. Por las continuas violencias de los grupos paramilitares,
48 son los trabajadores que han sido desplazados y 2 se han exiliado en el
exterior. “Entre de esta situación – denuncia el secretario general de
SINALTRAINAL Javier Correa - hay 67 compañeros amenazados de muerte. También se
han presentado numerosas detenciones injustas de dirigentes; las movilizaciones
y protestas obreras han sido militarizadas y en muchos casos los escoltas
personales de los gerentes y los cuerpos de seguridad de Coca Cola han sido
utilizado para agredir la organización sindical”.
Los gerentes de la impresa encuentran
públicamente los paramilitares y en realidad parece que la contratación de
grupos armados para reprimir la actividad sindical ha sido uno de los
instrumentos más utilizados por los dirigentes de las instalaciones de
embotellamiento de Coca Cola en Colombia. Las amenazas de los grupos
paramilitares al interior de las plantas y en los municipios donde funcionan,
son un elemento permanente y causan el terror entre los trabajadores y las
comunidades. Hay casos donde los grupos armados de extrema derecha han
ingresado en las embotelladoras para reunir los trabajadores y obligarlos a
renunciar al sindicato. La paramilitarización de las plantas de Coca Cola está
garantizada además por la infiltración de agentes encubiertos entre los
“obreros” para ejercer directamente la presión sobre los trabajadores a través
amenazas y anunciando situación de riesgo contra de ellos y sus familias.
El permanente accionar de grupos
paramilitares, en complicidad con las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad
del estado, ha servido a la multinacional y a su filial, para presionar
ilegalmente a los dirigentes sindicales, obligar a los trabajadores a renunciar
a sus contratos de trabajo e imponer bajos salarios a los nuevos contratados [1].
“Cuando no han asesinado los
trabajadores, se le ha perseguido hasta llevarlos a la cárcel y a procesarlos
simplemente por el delito de ser dirigente sindical” comenta Leonardo García,
abogado y asesor del sindicato. “Antes, SINALTRAINAL era una organización
bastante grande y hoy se encuentra fuertemente debilitada. En pocos años el
número de afiliados ha pasado de 5.400 a 2.300. Después de cada contratación
colectiva vienen la represión y los programas de la impresa que incentivan el
despido de los trabajadores” [2].
La
corajosa de los trabajadores colombianos
La sistemática violación de los derechos
humanos y laborales en las plantas de Coca Cola es hoy un hecho conocido a
nivel internacional, gracias a la corajosa campaña de movilización de las
organizaciones sindicales y ONGs colombianas, que han logrado reunir en el 2002
durante tres diferentes audiencias populares sobre los crimines de Coca Cola,
activistas y miembros de importantes entidades europeas e americanas. Atlanta
el 22 de julio, Bruselas el 10 de octubre y Bogotá el 5 de diciembre han estado las etapas de esto proceso
de construcción de un grande movimiento social de solidaridad y lucha
internacional.
“En las audiencias populares de Atlanta,
Bruselas y Bogotá, hemos denunciado la Coca Cola por crimines, abusos y
atropellos contra los obreros colombianos” explica Javier Correa, secretario de
SINALTRAINAL. “Hemos evidenciado como Coca Cola se ha reunido con unos grupos
paramilitares y las dificultades que ha causado al medio ambiente en todos los
procesos de producción de las embotelladoras. Hemos denunciado el
desplazamiento de varias juntas directivas de SINALTRAINAL y la quema de sedes
sindicales para borrar todas las pruebas de los atropellos de las impresas
embotelladoras e impedir de demandarlas judicialmente. En las audiencias hubo
testimonios de familiares de trabajadores que han sido asesinados, de
trabajadores que han sido encarcelados, que han sufrido en carne propia la
persecución y el terror que ha producido la política de Coca Cola”.
“En Colombia – continua el representante
de SINALTRAINAL - ahora intentan de agredir nuestras familias, han intentado
secuestrar hijos pequeños de nuestros compañeros. Han llegado al sindicato por
escrito amenazas de muerte, para que los compañeros abandonen las ciudades de
las embotelladoras. Cuando la unión sindical desarrolla protestas y mitin, las
plantas son militarizadas por la fuerza pública bajo el presupuesto que allí
hay insurgentes y terroristas. Se ha llegado al punto extremo que cuando un trabajador
se sindicaliza la presión que tiene que aguantar las familias por visitas de
los gerentes y funcionarios de Coca Cola es terrible. Quien no acepta, recibe
inmediatamente una carta de despedida”. Los trabajadores despedidos son
remplazados por trabajadores que tienen que trabajar en las plantas hasta 14-16
horas diarias con retribución mensual de 309.000 pesos (casi 100 dólares) y que
no prevé la cobertura de las contribuciones sociales.
No faltan los casos donde los
trabajadores han escogido de abandonar ‘voluntariamente’ sus empleo después de
recibir graves presiones. En Pasto, en el 1998, un empleado de la embotelladora
de Coca Cola Embonar, Guillelmo Gómez
Maigual, se ha suicidado porque sicológicamente afectado por la grave crisis
económica debida a la decisión de la transnacional de no renovar el contrato de
franquicia con la embotelladora local. Por eso, 150 trabajadores fueron
despedidos porque habían luchado para obtener un nuevo acuerdo con Coca Cola. A
la viuda de este trabajador no se ha reconocido la pensión y Panamco Colombia
S.A. ha reabierto la planta empleando otros trabajadores, con sueldos muchos
más bajos y sin el reconocimiento de los derechos contractuales colectivos.
El sistema de seguridad montado en las
plantas es fuertemente represivo; hay el control constante de los empleados por
videocámaras. “Las embotelladoras
de Coca Cola se parecen a una cárcel, a un campo de concentración” denuncian
unos afiliados a SINALTRAINAL . “Cuando los compañeros van a hacer sus
necesidades fisiológicas son seguidos por personales armados. Si Coca Cola
quiere deshacerse de grupos de trabajadores, los someten a secuestro
encerrándolos en una oficina y los obliga a firmar la carta de renuncia. Eso
cuando muchos de nuestros compañeros han sido encarcelados y procesados con la
acusación de secuestro por el simple hecho de ingresar en la oficina de
gerencia y reclamar los derechos de los trabajadores”.
La política de producción y explotación
de los recursos naturales de Coca Cola contribuye a empobrecer los colombianos
y atacar la misma soberanía nacional. “Mientras en Colombia los más pobres se
debaten para conseguir el agua, el Estado colombiano favorece la transnacional
con precios por debajo de los que pagan los sectores más pobre” argumenta Javier
Correa. Hay la paradoja que en esos últimos días Coca Cola ha comprado 16.000
toneladas de azúcar en Brasil para importarlo a Colombia y producir sus
gaseosas, eso cuando los pequeños cultivadores colombianos son afectados por la
caída internacional del precio de azúcar y la competencia de otros productores
mundiales.
Pero el caso más emblemático de las contradicciones creadas por el sistema
Coca Cola es representado en Colombia propio con la producción de uno de los
ingredientes característicos de la bebida, la hoja de coca. Por una parte, los
indígenas y los campesinos que cultivan por cultura y por tradición la coca
vienen haciendo fuertemente reprimido por el Plan Colombia y los programas
militares que hace el Gobierno de los Estados Unidos. Y mientras esto ocurre,
un articulo excepcional en la Convención Internacional sobre Estupefacientes de
1961 y en el Protocolo de modificación de 1972 ratificados por los Estados
miembros de Naciones Unidas, autoriza a la transnacional a comprar anualmente hasta
1.000 toneladas de hojas de coca de Perú y Bolivia y la libre circulación de su
estrato saborizante y “descocainizado”.
Las
audiencias públicas populares contra la impunidad de Coca Cola
Más de 650 organizaciones del mundo se
han reunido en los encuentros de Atlanta, Bruselas y Bogotá para apoyar la
lucha de los trabajadores colombianos contra la devastadora política de Coca
Cola, para exigir el derecho a la verdad de lo ocurrido, a la justicia frente a
los responsables de las atrocidades y a la reparación integral para las
víctimas.
“Exigimos que cesen las violentas
actuaciones de Coca Cola y que sean castigadas” se lee en la declaración final
aprobada por los participantes a el último encuentro de Bogotá [3]. Igualmente se tomó la decisión de
presentar a Coca Cola unas propuestas de reparación no solamente en solicitud
económica sino en como recuperar el tejido social y como no dejar perder la
memoria colectiva de que ocurrió en estos años en Colombia.
“Pedimos que la transnacional financie
la adquisición y funcionamiento de la ‘Galería de la memoria histórica y la
reconstrucción de la cultura’”, declaran los participantes al Foro de Bogotá.
“En cuanto a lo de la reconstrucción del tejido social es además fundamental
que Coca Cola financie la publicación y difusión de millones de volantes con la
memoria historia de las victimas. La transnacional debe colocar un display en
cada una de sus botellas con las fotografías de sus trabajadores asesinados y
cancelar las pensiones mensuales vitalicias a sus esposas e hijos. La impresa
dotará de los recursos necesarios para la protección de los dirigentes
sindicales amenazados e implementará medidas concretas de reparación de los
daños causados a la ecología y a la biodiversidad de los colombianos
(tratamiento de agua, reforestación, recuperación de cuencas hidrográficas,
etc.)” [4].
Declarando el 22 de julio “día internacional de protesta y movilización contra
la violencia de las transnacionales”, los participantes al Foro de Bogotá se
han comprometido a desarrollar acciones de masas en todas las ciudades donde
Coca Cola tiene instalaciones y a realizar durante un año, a partir de julio
del 2003, el boicot internacional contra los productos de la compañía.
La globalización de los crimines
Los eventos de Atlanta, Bruselas y
Bogotá han sido importantes además para puntualizar como se están desarrollando
en todo el mundo las políticas represivas y antisindical del gigante de las
bebidas edulcoradas. “También en otros países de Centroamérica, Filipinas,
Pakistán, India, Israel, Venezuela, etc., - continua Javier Correa - el
movimiento social acusa a Coca Cola de utilizar, directamente o a través de sus
filiales, el asesinato, la violencia, la corrupción, el incumplimiento de las
leyes laborales, para alcanzar sus fines económicos”.
El caso más cercano a lo que ocurre en
Colombia es lo que se refiere a Guatemala, donde el sindicato nacional de los
trabajadores de Coca Cola, STECSA, está enfrentando una dura negociación con la
impresa embotelladora Panamco para defender los contratos colectivos y las
conquistas saláriales de los obreros. En Guatemala actualmente los trabajadores
son victimas de graves intimidaciones y han visto el recorte unilateral de sus
sueldos; la impresa ha negado la manutención de las maquinarias que han causado
graves efectos en la salud de los empleados [5].
“Además Coca Cola ha actuado en
Guatemala en los años ‘80s en la misma forma de cómo lo ha hecho en Colombia”,
denuncia SINALTRAINAL. “Se han presentado asesinados, desapariciones,
encarcelamientos, despidos. Allí se han habido compañeros que fueron
torturados, que fueron sacados de la embotelladora de Coca Cola por la policía;
compañeros que fueron desaparecidos por los militares y luego fueron
encontrados sin orejas, sin narices, sin dedos, con grandes mutilaciones. Lo
mismo ha ocurrido en Venezuela donde hay una persecución muy fuerte contra los
trabajadores. En este país los compañeros han denunciado como la transnacional
a través los medios de comunicaciones ha financiado la campaña para derrocar el
Gobierno de Hugo Chávez” [6].
En la audiencia pública de Bruselas,
unas organizaciones no gubernamentales han denunciado los efectos negativos
causados por la transnacional en una comunidad de la India, donde se apoderó de
un río y la población tiene que comprar el agua a Coca Cola. En particular, en
el pueblo de Plachimada, en el distrito sur de Palakkad, la Hindustan Coca-Cola Beverages Limited ha
explotado todos los pozos hídricos existentes, contaminándolos, y más de 750
familias de campesinos han sido duramente afectadas [7].
Hoy, Coca Cola se opone a las legitimas demandas de la población local que pide
el respeto y el reintegro de las fuentes hídricas.
Las audiencias han podido enfocar el
caso de Estados Unidos, donde la transnacional ha sido denunciada por atentados
contra la salud publica, daños ambientales, contaminación de los recursos
naturales. Hay también casos de discriminación racial: en la primavera del año
2000, ocho dependientes han denunciado a Nueva York el management de la Coca Cola
Company afirmando de haber sido discriminados gravemente sobre el trabajo,
porque negros.
El
genocidio de empleados y sindicalistas
Una larga serie di homicidios selectivos
de trabajadores y dirigentes sindicales ha marcado el camino de Coca Cola en
Colombia. El primero de estos ocurrió en la ciudad de San Juan de Pasto el 30
de Julio 1990, cuando fue asesinado con una bala a la cabeza Avelino Achicanoy
Erazo, empleado de la embotelladora en Nariño. En aquellos días los
trabajadores estaban en huelga porque la transnacional había rechazado las
propuestas de negociación del Sindicato Nacional Colombiano de los Trabajadores
de las industrias de Bebidas (SINTRADINGASOL-SINALTRAINAL). Avelino Achicanoy
Erazo era miembro de la junta directiva de la organización y estaba liderando
el comité de huelga de los trabajadores.
Cuatros años más tarde, el 8 de abril
1994, fue asesinado José Eleasar David, afiliado SINALTRAINAL y empleado de la
planta de Coca Cola en Carepa, Urabá (Antioquia). Doce días después fue asesinado
otro empleado de la misma filial, Luis Enrique Giraldo Arango, también él
representante sindical de SINALTRAINAL. El 23 de abril de 1995, un tercero
trabajador de la planta de Coca Cola en Carepa fue asesinado a la presencia de
su esposa y los hijos; se trataba de Luis Enrique Gómez Arango, noto líder
sindical en la importante zona bananera colombiana.
La matanza continuó el 22 de Julio 1996,
cuando fue asesinado Martín Galeano, obrero de la Embotelladora Román S.A. en Vallepudar (César). Este homicidio fue
realizado en el interno de la planta donde él trabajaba. Siempre en el mismo
año, el día 5 de diciembre, cayó bajo el fuego de un grupo paramilitar, Isidro
Segundo Gil Gil, empleado de la planta de Carepa de la Embotelladora Urabá S.A. de Coca Cola e importante líder de
SINALTRAINAL. También este homicidio ocurrió en el interior de la planta de la
transnacional y como ocurrió en el caso de Avelino Achicanoy Erazo, en esos
días, el sindicato estaba desarrollando la contratación con la impresa que había
rechazado todas las propuestas de negociación. A Gil Gil le propinaron un
disparo en la frente y otros cuatros en el lado izquierdo del tórax [8].
Después de matarlo a él, el grupo armado
intentó de secuestrar otro líder sindical que logró afortunadamente de escapar.
Por fin los paramilitares se dirigieron hasta la sede de SINALTRAINAL que
destruyeron y quemaron. El día después el mismo grupo armado regresó a la
planta embotelladora de Coca Cola para reunir los trabajadores y bajo la
amenaza de muerte, los obligaron a firmar las cartas de renuncia laboral.
Veinte siete empleados abandonaron la impresa y decidieron desplazarse a otros
departamentos. Todos los trabajadores que se quedaron en la embotelladora han
tenido que dejar el sindicato. Dos meses más, los paramilitares quedaron
instalados enfrente a la puerta de ingreso de la fabrica sin que la impresa
denunciara el hecho a la autoridad pública.
Por esto asesinato, el sindicato y la
familia de la víctima han inculpado la transnacional en cabeza del gerente de
la impresa Bebidas y Alimentos de Urabá, Ariosto Milán Mosquera. De él son muy
conocidos en Carepa los lazos con los grupos paramilitares. Después de las
denuncias de SINALTRAINAL, el juez ordenó el encarcelamiento del director de la
planta, del responsable del sector productivo y del local jefe paramilitar.
Pero el Tribunal decretó unos meses después la liberación y la absolución de
los tres imputados [9].
“Condenamos el Estado colombiano por su
deficiencia, negligencia y mala investigación por la muerte del compañero, e
incineración de la sede sindical de SINALTRAINAL” comenta la organización
sindical. “Hasta hoy no se han condenado los culpables. Ellos fueron mantenidos
en sus cargas por la impresa y uno de ellos ha llegado a dirigir el hospital de
Turbo, mientras los trabajadores de la planta Coca Cola de Urabá han estado
victimas de desplazamientos, agresiones y sufrimientos laborales y familiares”.
El mismo hermano de Isidro, Martín Emilio Gil Gil, que asesoraba el sindicato
en la negociación contractual con Coca Cola, fue constreñido ad abandonar su
empleo en la transnacional enseguida de unas graves amenazas de muerte. El 18
de noviembre de 2000, la segunda esposa del líder sindical asesinado, Lira Del
Carmen Herrera Pérez, fue secuestrada en su casa y luego asesinada en la calle.
Otro líder del Sindicato Nacional de los
Trabajadores de las industrias de Bebidas (SINALTRAINBEC), caído en la larga
campaña para el respeto de los derechos laborales en las plantas de la
transnacional, fue Oscar Darío Soto Polo, asesinado el 21 de julio de 2001 en
la ciudad de Montería (Córdoba). También este homicidio ha ocurrido en pleno
proceso de negociación contractual, en el mismo día que un grande número de
organizaciones sociales colombianas se habían movilizado para conmemorar el
aniversario de la matanza de los trabajadores de Coca Cola en Guatemala.
Después del homicidio de Oscar Darío Soto Polo fue organizada una huelga en la
planta de Montería. En respuesta, el jefe de la seguridad de la impresa, acusó
la os dirigentes del sindicato de terrorismo. Cincos de ellos fueron
encarcelados por seis meses. Contemporáneamente en los muros de la fabrica
apareció una escrita de amenaza en contra de los lideres sindicales, firmada
por las Autodefensas Unidas de Colombia.
El último homicidio selectivo ha
ocurrido recientemente: el 31 de Agosto de 2002, fue asesinado Adolfo de Jesús
Múnera López, ex trabajador de Coca Cola en la impresa embotelladora Roma
S.A. de Barranquilla (Atlántico). Los asesinos esperaron Adolfo de
Jesús Múnera López en el ingreso de la habitación de la madre para matarlo con
unos tiros de pistola. En su larga vida sindical había encubierto importantes
cargos, como lo de vicepresidente de la Central Unitaria de los Trabajadores –
CUT, Seccional Atlántico, y miembro de la junta directiva de SINALTRAINAL.
En 1997, su apartamento fue allanado por
miembros de las Fuerzas Armadas, y por esa razón se vio obligado a desplazarse
a otras ciudades. Fue así que Coca Cola decidió despedirlo por “abandono del
puesto de trabajo”. Según la organización sindical, el allanamiento fue
organizado enseguida de las señalaciones del gerente local de Coca Cola, el
señor Emilio Hernández, que lo había injustamente denunciado por terrorismo y
rebelión. Múnera López se apeló a las autoridades judiciales para obtener el
reintegro en Coca Cola, consiguiendo un fallo positivo in primera instancia. La
compañía hizo recurso de apelación y rechazó de reintegrar el trabajador. El 22
de Agosto 2002, nueve días antes de su muerte, la Corte Constitucional le envió
una carta con un pronunciamiento que aseguraba concretas posibilidades de
reintegro en Coca Cola.
“Múnera López era uno de lo más
apasionado sostenedor de la campaña contra Coca Cola” comenta el secretario
general de SINALTRAINAL Javier Correa. “Él fue asesinado cuatro semanas después
de haberse realizado la Primera sesión de la audiencia publica internacional en
la ciudad de Atlanta. La respuesta de Coca Cola fue supremamente intolerante.
Cuando aprendimos de la muerte del compañero, organizamos una protesta por dos
horas en la fabrica de Barranquilla y prontamente Coca Cola solicitó al
Ministerio de Trabajo de ilegalizar esta protesta para que elimine
judicialmente el sindicato y le día en consecuencia la posibilidad de despedir
otros trabajadores”.
Trabajadores
en la mira
Junto a la larga lista de homicidios
selectivos de sindicalistas y trabajadores, la lucha en contra de la arrogancia
empresarial de Coca Cola está marcada por una infinidad de violaciones de los
derechos humanos. Son los mismos empleados victimas de los atropellos a contar
sus dramáticas experiencias.
“En el año 1996, en Bucaramanga –
recuerda José Domingo Flores - fuimos detenidos y acusados de terrorismo y
rebelión bajo la declaración de un testimonio de la misma transnacional. Coca
Cola, en complicidad con los jueces y los fiscales del país, nos denunció como
afiliados al ELN, el Ejercito de Liberación Nacional. Afortunadamente en el
proceso fue posible demostrar nuestra inocencia. Éramos cinco compañeros:
Álvaro Gonzáles, Luis Eduardo García, Luis Javier Correa, Sergio López y yo.
Nos llevaron a la cárcel y fuimos detenidos por seis meses. Nos metieron en el
patio de máxima seguridad donde no había que delincuencia común. Era un patio
de un par de metros cuadros y el espacio era tan angustio que se un compañero
se distendía el otro tenía que estar en pie. El tratamiento fue humillante y
degradante: era muy difícil hacer necesidades fisiológicas y nos tocaba
voltearnos”. Los cinco trabajadores de Coca Cola estuvieron casi dos meses en
el patio de seguridad y las esposas los podían encontrar solo un día a la
semana. “Pero la cosa más grave – continua José Domingo Flores – fue que
aterrizaron a los compañeros de la fábrica diciéndole que se no salían del sindicato,
lo iban a pasar lo mismo que nos había pasado. Eso es porque hoy los
sindicalizados de Bucaramanga somos muy poquitos”.
“En los años ’80 Coca Cola tenía un
grupo de hombres de inteligencia en todos los rincones del país” añade Álvaro
Gonzáles, uno de los trabajadores encarcelado injustamente en Bucaramanga en el
año 1996, por la falsa acusación de los funcionarios de Coca Cola. “El orden
para estos hombres era de ganarse la confianza de los trabajadores y los
sindicalistas para infiltrarse en SINALTRAINAL, considerado por la
transnacional una ‘organización de la izquierda, que tiene contacto con los
grupos rebeles’. Hemos demandado esa operación de infiltración en el sindicato
y tenemos la admisión de Coca Cola que los utilizó para penalizarnos y
criminalizarnos”. Paralelamente a partir del año 1984, la transnacional empezó
a patrocinar y financiar una organización sindical con la finalidad de minar la
unidad de los obreros.
Desde el año 1992 la Coca Cola
militarizó sus fabricas en la región de Santander (las plantas de Bucaramanga y
Cúcuta), denunciando públicamente que todos los trabajadores de la impresa son
militantes de SINALTRAINAL. Siempre en la embotelladora de Bucaramanga, ha
ocurrido recientemente un grave atropello que ha tenido consecuencias
judiciales. El día 7 de Junio de 2001, el gerente de fabricación de la planta,
José Ignacio Quiroga, agredió físicamente al dirigente de SINALTRAINAL, Álvaro
González, que le había exigido que no hostigara a los trabajadores socios del
sindicato, a quienes la empresa en forma arbitraria había trasladado de sus
puestos de trabajo para subcontratar otros obreros provisionales. Se instauró
querella penal y el juez encargado, el 20 de Marzo de 2002, condenó a José
Ignacio Quiroga Velasco a la penal principal de seis meses de arresto y pagar
los perjuicios causados. Asegurando de facto su impunidad, la empresa Panamco
Colombia S.A., decidió trasladar el dirigente a otra embotelladora. “El
mencionado funcionario y representante de Coca Cola apeló el fallo – denuncia
SINALTRAINAL - y en un hecho sin precedentes acaba de salir un fallo donde lo
exoneran de la agresión cometida contra el dirigente sindical, según el juez
por que no son validos los testimonios de los trabajadores por ser del
sindicato”.
En estos últimos meses Álvaro González
ha sido victima de retorsión. Los días 9 y 11 de Julio de 2002, el sindicalista
ha recibido unas llamadas donde lo amenazaron de muerte si él no pagaba diez
millones de pesos colombianos. El 25 de Septiembre ocurrió un hecho bastante
raro: unos desconocidos llegaron al restaurante donde él se encontraba y del
cual es copropietario y le propinaron varios impactos de bala a Luis Ernesto
Celis que murió dos días más tarde. Supuestamente esto fue por robarse el
dinero de la venta del día. Todavía el 5 de Octubre la hija de Álvaro González
recibió una llamada telefónica por un desconocido quien le dijo: “Su papá es un
hijo-de puta y es el próximo que vamos a matar”.
“Como una muestra más de la
intolerancia, la persecución sindical, la violación al derecho de expresión y
opinión desatada por la embotelladora de Coca Cola en la ciudad de Bucaramanga
– se lee en el comunicado de SINALTRAINAL - a partir del 6 de Noviembre de 2002
se suspendió injustamente el contrato de trabajo por 5 días al dirigente de
SINALTRAINAL Nelson Pérez Tirado, por el hecho de distribuir a los trabajadores
la declaración de política de la segunda sesión de la Audiencia Pública Popular
‘Héctor Daniel Uséche Berón contra la impunidad’ realizada en la sede del Parlamento
Europeo en Bruselas el 10 de Octubre de 2002” [10].
Como se eso no fuera bastante, la
represión en Bucaramanga se ha extendido a los ex trabajadores de la
transnacional como en el caso de Alfredo Porras Rueda, líder sindical, cuya
vivienda fue devastada en el 1997 por un ilegal allanamiento de los hombres de
la V brigada del ejército colombiano. Alfredo Porras Rueda fue detenido por
miembros del ‘Grupo Gaula’ de las fuerzas armadas el pasado 31 de Diciembre de
2002. Horas más tarde a través de los medios de comunicación el general Jairo
Duván Pineda, Comandante de la V División, lo acusó públicamente de ser miembro
e ideólogo del grupo insurgente ELN [11].
Alfredo Porras Rueda, hasta el año 1998,
laboró para la embotelladora de Coca Cola; después renunció a su trabajo debido
a la persecución, amenazas de muerte, atentados y allanamientos de que fue
víctima, enseguida de los señalamientos y acusaciones de los funcionarios de
Coca Cola en contra del sindicato. Hasta esa época él era presidente de SINALTRAINAL
de la Seccional de Bucaramanga; debió salir del país por varios meses, y a su
regreso dedicarse a rebuscarse el sustento para su familia. “Ha sido costumbre
de los representantes de esta transnacional acusar falsamente a sus
trabajadores de tener vínculos con la insurgencia para buscar el aniquilamiento
del sindicato y de las conquistas de sus obreros” ha comentado SINALTRAINAL
poniendo énfasis que la detención de Porras Rueda ocurrió solo tres semanas
después de la realización en Bogotá de la audiencia pública sobre los crimines
de Coca Cola [12].
Hace tres meses, otra planta
embotelladora de Coca Cola ha sido victima de una nueva incursión de los grupos
paramilitares. El día 2 de octubre de 2002, a las 6 de la mañana, cuando en la
entrada a la fábrica de Coca Cola en la ciudad de Barrancabermeja se realizaba
una jornada de protesta sindical, ingresaron dos presuntos paramilitares. Uno
de ellos fue reconocido en Saúl Rincón, ex trabajador de la embotelladora.
“Ellos conversaron con Reinaldo González y Martha Yaneth Orduz, funcionarios de
la empresa” ha denunciado el sindicato ante la Fiscalía. Tres días después,
nuevamente el presunto paramilitar Saúl Rincón fue visto rondando por los lados
de la empresa; él se acercó a Juan Álvaro Pulgarín, integrante de la junta
directiva de SINALTRAINAL y le dijo que Reinaldo González, funcionario de la
empresa, le había contado que un sindicalista lo había acusado de presunto
paramilitar, “pero que eso ya lo sabía el ‘Gaby’ que es el jefe paramilitar en
la ciudad de Barrancabermeja”. Luego, el 8 de Octubre en el barrio ‘20 de
Enero’ se le aparecen al vicepresidente de la seccional local del sindicato,
Juan Carlos Galvis, el supuesto paramilitar y el acompañante que ingresó el 2
de octubre a la embotelladora de Coca Cola. Pasó un día y en la habitación del
presidente de SINALTRAINAL y trabajador de la compañía, William Mendoza, su
esposa encontró un sobre amarillo por debajo de la puerta y que contenía un
sufragio, la postal que se utiliza para dar las condolencias a los familiares
por muerte de un familiar, donde decía en un escrito “por fin en
Barrancabermeja, AUC”.
La familia de William Mendoza sigue
siendo perseguida hasta hoy por los paramilitares. El 6 de enero, el presidente
de SINALTRAINAL recibió una llamada en su teléfono celular de una persona que
se identificó como John Jairo y que dijo que era el “responsable político de
las autodefensas”. Once días después, la hija de William Mendoza recibió una
llamada de una persona desconocida. “Dónde están su papá y su mamá?” le
dijo el anónimo interlocutor. “Dígales que se cuiden mucho. Usted,
dónde estudia?" Ella respondió: “En el Colegio Técnico del
Comercio" pero él dijo: “No sea mentirosa. Usted estudia en el
Colegio Diego Hernández y su hermano en estos momentos está lavando el frente
de la casa. Cuídense mucho". Efectivamente la hija del líder
sindicalista estudia en el Colegio Diego Hernández y el hijo estaba haciendo el
aseo al frente de la casa, lo que supone que los presuntos paramilitares estaban
vigilando la casa. Fuertemente preocupado por el claro mensaje de amenaza, el
22 de enero, William Mendoza ha transferido su familia a otra ciudad, todavía
ha expreso su voluntad a continuar su trabajo sindical en Barrancabermeja [13].
La
‘limpieza anti-sindical’ de Coca Cola en Urabá
Otro departamento que con Santander fue
en el ciclón de la represión en contra de los trabajadores de Coca Cola es lo
de Antioquia, el más violento del país. Aquí, en la región norte de Urabá surge
la importante planta embotelladora de Carepa, donde en el 1985, 17 obreros han
tenido que abandonar el trabajo para desplazarse a otras ciudades de Colombia [14].
En Urabá se realizó el homicidio de Isidro Segundo Gil Gil y el fracasado
tentativo de secuestro del sindicalista José Cardona. “En Urabá en el año 1995,
las autoridades nos sacaron la primera junta directiva del sindicato” recuerda
este ultimo. “Luego formamos la segunda junta directiva y en los años 1996-97
nos asesinaron cinco compañeros. El mismo día que mataron Isidro Segundo Gil, a
las dos de la tarde, yo fui secuestrado por ocho paramilitares. Afortunadamente
logré escaparme corriendo casi cuatro cuadras, llegando hasta la policía. Allí
denuncié que un dirigente de la embotelladora me había amenazado, diciéndome
que él había hablado con los paramilitares y que ellos tenían que acabar con
nuestro sindicato. Él tenía lazo con los paramilitares, le regalaba las
gaseosas para sus fiestas. Me tocó salirme de Urabá con dos bolsas de robas
para mí, dos para mi niña y dos para mi esposa, hacia la ciudad de Medellín”.
Así continua el relato de José Cardona:
“La policía me dijo que no podía regresar porque me buscaban los paramilitares
pero todos sabíamos que ellos trabajan en conjunto: el ejercito, la policía y
los paramilitares. El 2 de diciembre, en Bogotá, aprendo que los paramilitares
han ingresado en la fábrica de Carepa y que habían reunido a todos los
personales para decir que todos los que pertenezcan al sindicato tienen plazo
hasta las dos de la tarde para renunciar y sí no, ellos no respondían por la
vida de nadie. En el mismo computador de la impresa se realizaron las cartas de
renuncia. Ellos tenían solo que cambiar el nombre de cada asociado”. Hace un
año, José Cardona ha tenido que salir de Bogotá para buscar exilio en el
exterior. “En diciembre 2001, los paramilitares me han buscado con otros
compañeros en Bogotá. Me querían asesinar porque no había regresado a Urabá
donde ‘tenía una vuelta pendiente’ y más, había seguido protestando. Me han
vinculado a un programa de protección y me ha tocado abandonar el país y mi
familia”.
Los
dirigentes de la transnacional se encuentran con Carlos Castaño
Los estrictos lazos entre el fenómeno
paramilitar y los más importantes dirigentes de la transnacional en Colombia
han recibido confirmas directamente por unos de los mayores órganos de prensa
del país. “El pasado 5 de octubre – declara el secretario de SININTRAINAL
Javier Correa - hemos denunciado frente a las autoridades que un funcionario de
Coca Cola de la embotelladora de Barrancabermeja estuve reunido con los máximos
jefes de los grupos paramilitares. Según el semanal Cambio, la Coca Cola en el 1998 se reuní directamente con Carlos
Castaño en Montería. Estos hechos los habíamos denunciado antes, inútilmente, a
la dirección general de la empresa en Bogotá”.
Vale la pena reportar la reconstrucción
periodística del presunto encuentro de la transnacional con el responsable de
los peores crimines de la guerra sucia en Colombia, notoriamente involucrado en
el narcotráfico. Según Cambio, los
hechos originaron de un tentativo de extorsión a daño de una embotelladora de
Coca Cola llevado por un cabecilla paramilitar. En el abril 1998, en la zona
central cerca de Puerto Boyacá, lugar donde históricamente se ha desarrollado
el fenómeno paramilitar, los camiones que distribuyen la Coca Cola fueron
parados por integrantes de las autodefensas de la región, a ordenes de Ramón
Isaza. “Les dijeron que, a partir de la fecha, ningún producto de Coca Cola
podría ser distribuido en la región. Les ordenaron regresar con su carga a la
planta embotelladora en Barrancabermeja, y transmitir el mensaje a sus jefes en
el área de Puerto Boyacá, La Dorada, Mariquita, Honda, Cimitarra,
Barrancabermeja, y cerca de 30 municipios más de Tolima, Cundinamarca, Caldas,
Boyacá, Santander y Antioquia, el ingreso de la gaseosa había quedado vetado
hasta nueva orden” [15].
Los administradores de las plantas
quedaron impresionados ante la inusitada serie de amenazas, sobre todo por el
hecho que la agresión procediera de los paramilitares. Entrevistado por los
periodistas del semanal, Roberto Ortiz, presidente de la compañía
Panamco-Indega, embotelladora y distribuidora de más del 97% de los productos
de Coca Cola en Colombia, y vicepresidente de Panamco matriz de Miami,
declaraba la contrariedad de la transnacional a cualquier forma de
‘colaboración’ con los actores armados. “Llevamos años lidiando con la
guerrilla en amplias zonas del país, aguantando que nos quemen los camiones,
nos secuestren personal, nos boleten; todo ello porque la compañía tiene como
política la de nunca pagar a los grupos irregulares, llamase guerrilla o
autodefensas o incluso delincuencia común, para garantizar nuestras
operaciones” [16].
Siempre según Cambio, una primera versión apuntaba a que detrás de la radical medida
adoptada por Isaza “estaban las quejas de los tenderos de la región por la
supuesta reducción de los márgenes de utilidad en la venta de Coca-Cola en sus
distintas presentaciones. Aunque el precio de las gaseosas es libre en
Colombia, desde hace un par de años algunos embotelladores imprimen en las
etiquetas una cifra que llaman ‘precio sugerido de venta al publico’, que de
modo inevitable se ha convertido en un tope para los tenderos. Y cuando se
trata de regiones apartadas, la diferencia entre el precio sugerido y lo que el
tendero paga al distributor, a veces no basta para cubrir los costos del
vendedor final”.
Mientras tanto se abre la investigación
de la Policía, a fines de abril 1998, dos enviados del jefe paramilitar Ramón
Isaza llegaron a las oficinas de Panamco en Ibagué para entrevistarse con los
funcionarios de la planta. El mensaje fue muy claro: “Coca-Cola sólo podría
regresar a la región si cubría una cuantiosa deuda que sus distribuidores
tenían con gente de la zona amiga de Isaza”. Pasaron las semanas y el mercado
que tenía Coca-Cola en la zona comenzó a ser copado por gaseosas Glacial, una industria regional cuya
planta principal se encuentra en Mariquita, Tolima, así como por distribuidores
de la gran competidora de Coca-Cola, las gaseosas Postobón de la Organización
Ardila Lulle, que además en Colombia embotella y distribuye la Pepsi-Cola.
Fuertemente preocupados por la caída de
sus ventas en el Magdalena Medio, siempre según los periodistas de Cambio, los dirigentes de Panamco habían
pedido la intervención de un misterioso “organismo internacional humanitario”,
activo en la región y establecieron que la deuda no tenía que ver con Coca
Cola, sino con la embotelladora Glacial, que hasta 1996 había tenido a su cargo
en la región la distribución de los productos de la transnacional de Atlanta.
“Lo que explicaron los enlaces de Ramón Isaza – le dijo a Cambio un funcionario de Panamco – era que Glacial tenía una deuda
con personas de la región a las que el jefe de las autodefensas apreciaba. Y
que como Glacial ya no era el distribuidor de Coca-Cola, sino que ahora esa
tarea la desarrollaba Panamco, pues Panamco tenía que pagar (…). Un alto
funcionario del organismo internacional que venía asesorando a los
embotelladores de Coca-Cola, les
sugirió acudir el jefe de las autodefensas a nivel nacional, Carlos Castaño, el
único que según el funcionario podía convencer a Isaza del absurdo de cobrarle
a Panamco una deuda adquirida por otro”[17].
El organismo internacional inició en
firme la gestión para contratar a Panamco con Castaño y en el mes de agosto el
jefe aceptó reunirse con los directivos de la impresa, en presencia del propio
Ramón Isaza. Cambio añade que Rubén Darío Salazar, el gerente de Panamco
en Ibagué, viajó en secreto hacia Montería, junto con su director comercial.
“El día clave fue el 15 de agosto. Los directivos se reunieron en la capital de
Córdoba con un enlace de Castaño. No está claro si los funcionarios de la
embotelladora salieron de allí para una cita personal con el jefe de las
autodefensas. Panamco niega que ejecutivos suyos hayan asistido a un encuentro
con él, y sus voceros afirman que con Castaño sólo se reunieron funcionarios
del organismo humanitario”.
Así una delegación partió de Montería
ese día para llegar a un campamento semiselvático ubicado entre las fincas El
Diamante y El Venado, en el sur de Córdoba. “Según fuentes de la organización
no gubernamental que actuaba como intermediaria, decidieron llevarle dos pacas
de Coca-Cola en lata al jefe paramilitar con la idea de que el gesto
distensionara el ambiente de la reunión. También le obsequiaron agua mineral de
la competencia como un gesto conciliador. Ese detalle y la locuacidad de
Castaño rompieron el hielo”.
Parece que los interlocutores hayan
tocado el corazón del boss paramilitar poniendo el tema del acoso que la
compañía habría sido sometida en los últimos años por los grupos insurgentes de
las FARC y el ELN, enfatizando como la embotelladora fuera un “importantísimo
generador de empleo y riqueza en el país”.
“Nosotros no debemos meternos en
cuestiones económicas que afecten el sector productivo, como lo hace la
guerrilla” hubiera sido el primer comento de Carlos Castaño. “Luego – continua
el reportaje de Cambio - se dirigió a
Isaza y le dijo, como si hubieran acordado previamente las palabras: “Ramón,
nosotros no podemos convertirnos en mercenarios contra las multinacionales.
Nuestro objetivo es la guerrilla”. Después el jefe militar invitó los
interlocutores a almorzar con pollo, arroz y patacones. Isaza se comprometió
con Castaño y sus visitantes a ordenar que el veto a Coca-Cola en el Magdalena
Medio fuera levantado y con la ayuda del ignoto organismo internacional no
gubernamental, fue definido un mecanismo de verificación para garantizar que en
unas cuantas semanas, todos los hombres de Isaza fueran debidamente instruidos
sobre la decisión que garantizaba las operaciones de Panamco en el área. “No
hubo negociación ni acuerdos que comprometieran a los embotelladores de
Coca-Cola”, fue el comento del dirigente Roberto Ortiz de Panamco-Colombia.
Todavía ya en el mes de octubre de 1998 las ventas de Coca Cola en el Magdalena
Medio recuperaron el nivel que tenían cuando comenzó el veto de los
paramilitares. Nadie conoce cuál fue el precio pagado para fortalecer la
alianza entre la transnacional y los protagonistas de la guerra sucia en el
país.
Se
pide justicia y reparación en los Estados Unidos
La actitud del gobierno colombiano ha
sido de total complicidad con la transnacional en su política de aniquilamiento
de los derechos laborales. Muestra de esto es la total impunidad de los
crimines y las agresiones al sindicato y a sus trabajadores. Por esta razón
SINALTRAINAL ha presentado una demanda penal contra Coca Cola Inc. y Panamco –
Panamerican Beverages ante la Corte del Distrito Sur de la Florida (Miami) en
los Estados Unidos, invocando la llamada ley Alien Torts Claims Act (ATCA),
aprobada por el Congreso de los Estados Unidos en 1789.
“La ley posibilita al nuestro sindicato
y a la victima acudir a la Corte norteamericana y para realizar esta demanda
hemos contado con el apoyo y la solidaridad de United Steel Workers y del Fondo
Internacional de Derechos Laborales de los Estados Unidos” explica el
secretario de SINALTRAINAL Javier Correa. “Inicialmente la demanda que se
colocó en la Corte de la Florida era una sola. En el pasado mes de diciembre,
la demanda se convierte en cuatro. Una demanda por asesinado, otra por
secuestro; otra por tortura. La última demanda es por amenaza de muerte”.
Por el hecho que el juez no ha podido
notificar la demanda judicial a uno de los acusados de este proceso, el
ciudadano norteamericano Richard Kirby Keilland, originario de Key Biscayne,
Florida, uno de los dueños de las plantas de Coca Cola en Urabá, Florencia y
Leticia, el procedimiento se ha parado por mucho tiempo; sin embargo parece que
los abocados delegados del sindicato en los Estados Unidos lo hayan encontrado
y eso permitiría un primer movimiento en el proceso.
Como aclaran los asesores jurídicos de
SINILTRAINAL, el fin de la demanda presentada en la Corte norteamericana tiene
valor principalmente preventivo. “Se quiere evitar que esos grandes crimines
continúen. Nos preguntamos: ¿cuántos nuevos asesinados tendríamos sin estas
demandas y las audiencias populares internacionales? Es posible que esto no va
a contener los asesinados, los despidos, la persecución, pero por lo menos con
esto, lo que buscamos es romper la impunidad, queremos que esta impunidad no
sigua permaneciendo en cada una de la embotelladora de Coca Cola en Colombia.
En el proceso en los Estados Unidos enfatizamos el caso del sindicalista Gil
Gil, porque es el más aberrante. Lo asesinan en a planta y en plena negociación
contractual. No contentos de esto, hacen que todos los afiliados al sindicato renuncien.
Y lo hacen utilizando el computador de la propia impresa. Como se fuera poco,
incendian y saquean la sede sindical. Se demanda la transnacional y las
embotelladoras además porque todos las impresas locales son vigiladas por la
matriz, por Coca Cola Company. Hay entre ellas una relación tanta estricta como
de madre e hijas. Hay una inevitable conexión ideológica entre quien asesinó el
compañero Gil y la multinacional....”.
El escenario de impunidad de los
crimines de Coca Cola en Colombia es verdaderamente desconcertante; casi todos
los jueces llamados a investigar no han castigado, no han detenido, no han
reparado los daños casados. Hay más de una situación que muestra la gravedad
del sistema judicial en el país y los lazos entre fiscales y trasnacionales. Es
siempre SINALTRAINAL a denunciar uno de los casos más inquietantes: “En los
años 96-97 nosotros denunciamos inútilmente a Jaime Bernal Cuellar que era el
Procurador General de la Nación, todos los atropellos que Coca Cola ha
cometido. Demandamos a Coca Cola en Florida y prontamente la transnacional nos
contra-demanda penalmente por injurias y calumnias. Pero ¿quién es el abogado
de la Coca Cola en esa demanda en contra de nosotros? Lo mismo Jaime Bernal
Cuellar, ex Procurador General de la Nación. Así uno va mirando integralmente
la relación que hay entre el Estado y las impresas. ¿Cómo van así a encontrar y
castigar entre ellos mismos los responsables?”.
Las
primeras admisiones de culpabilidad de Coca Cola Colombia
Entre las demandas que esperan desde
hace muchos años el fallo de la justicia colombiana, hay aquellas en contra del
gerente de la embotelladora de Bucaramanga José Gabriel Castro y del jefe de la
seguridad de la misma planta, responsables de la falsa acusación de rebelión que
en el año 96 causó el encarcelamiento de la junta directiva de SINALTRAINAL.
Recientemente han salido todavía los primeros tímidos fallos en contra de las
impresas involucradas en el proceso de marginalización y violación de los
derechos sindicales. El 29 de Septiembre de 2000, la juez Fanny Cecilia Bahamon
de Díaz, ha resuelto declarar que la empresa Embosan S.A., embotelladora del grupo Panamco Colombia S.A. en
Bucaramanga, Cúcuta y Barrancabermeja, ha violado la convención colectiva de
trabajo vigente, suscrita el 20 de Julio de 1994. Pero la impresa se ha negado
a aceptar este fallo y ha presentado apelación. A pesar de la negación de
Casación, Embosan ha declarado
públicamente que no entiende cumplir la orden del juez de reintegrar los
trabajadores que fueron injustamente despedidos para subcontratar otros
trabajadores con salarios reducidos.
Un caso semejante ocurrió después del
fallo de otro juez, el 7 de Diciembre de 2001, que había condenado a Embotelladora de Santander, a pagar a
SINALTRAINAL el valor de las cuotas que se han debido descontar a los
trabajadores no sindicalizados beneficiarios de la convención colectiva y los
20 días de salario de los trabajadores, para tres años anteriores a la demanda
(es decir entre el 29 de Junio de 1992 y el 29 de Junio de 1995). La empresa ha
presentado querella de apelación negándose de pagar la multa a SINALTRAINAL.
El 19 de Junio de 2002, otro juez de la
Republica de Colombia, modificó la condena que había emitido seis meses antes,
de un año de arresto y multa de 20.000 pesos colombianos para los 11 acusados,
todos funcionarios de las embotelladoras de Coca Cola, por los delitos de
violación de los derechos de reunión y asociación de los trabajadores. A cambio
este juez definió condenando los mismos funcionarios a pagar una multa por
valor de cien salarios legales mensuales vigentes para el año de 1995. A pesar
de los fallos, la administración central de la Panamco Colombia S.A. se ha
limitado a trasladar a otras fabricas los funcionarios involucrados.
La última sanción pecuniaria a daño de
la transnacional fue decretada el 12 de Agosto de 2002 por el Director
Territorial de la Oficina de Trabajo y Seguridad Social de Barrancabermeja. Él
ha sancionado a la empresa Embotelladora
de Santander S.A., con una multa de 6 millones 180 mil pesos colombianos
por subcontratar personal temporal en vez de contratar trabajadores a término
indefinido. Pero la empresa se ha nuevamente negado a cumplir y ha impugnado el
fallo para dilatar y evadir su responsabilidad.
La trama de los intereses del capital
internacional
Muy débiles son las atenciones que las
denuncias de SINALTRAINAL han recibido en la más importante organización
internacional de promoción y vigilancia del trabajo, la OIT-ILO (Organización
Internacional del Trabajo). “A pesar del grave genocidio de sindicalistas, la
OIT ha dado un año más al gobierno colombiano para enfrentar las violaciones
contra los trabajadores y no nombra una comisión de investigación” declara el
secretario del sindicato Javier Correa. “Lo que ha venido con la OIT es muy
preocupante. Los representantes de los trabajadores están en minoría en la
organización y en esta condición es muy difícil ganar una posición a favor de
los sindicalistas colombianos. Uno se pregunta se los asesinados y la persecución
que hay en el movimiento obrero en Colombia no son prueba y motivo suficiente
para que la OIT no nombre un relator y una comisión de encuesta. ¿Van a esperar
que desaparezca el movimiento sindical en Colombia? Hay como una estrategia,
una situación intencional para no enfrentar lo que están pasando determinados
territorios, en este caso colombiano, estratégicos para el mundo”.
Una respuesta a la cínica falta de
consideración del drama colombiano puede ser encontrada entre los enormes
intereses económicos que las transnacionales tienen en el país, y entre ellas
el papel de Coca Cola y sus socios es uno de lo más visible. Como señala el
sociólogo y economista Héctor Mondragón, actualmente en Colombia hay un fuerte
enfrentamiento entre redes de impresas transnacionales que tienen lazos de
capitales encruzados entre ellas y con el Gobierno. “El mayor accionista de
Coca Cola es el principal accionista de American
Express, la tarjeta de crédito y de pago que en este momento está bien
promocionada en Colombia en los medios de comunicaciones y que representa la
principal tarjeta de crédito en el mundo” aclara Héctor Mondragón. “Este grupo
es un importante accionista de la Gillette
y del coloso de la química Great Lake
Chemical; tiene capital accionario en Nike,
transnacional que produce artículos deportivos y que ha tenido gran denuncia en
el mundo para explotación de niños. El mismo grupo, articulado en torno a las
inversiones de Warren Buffet y del fondo Berkshire Hathaway, tiene el 20% del
capital del importante diario norteamericano Washington Post, garantizándose el control de los medios de
comunicaciones. Hay después alianzas económicas entre Coca Cola y Nestlé para
enfrentar la competencia con otros grupos transnacionales de alimentos, como la
Unilever. Por fin el conglomerado Coca
Cola-American Express–Gillette–Washington Post tiene conexiones con el
máximo grupo financiero a nivel mundial, el Citigroup-J.P.Morgan-Chase, pero
con una dinámica propia” [18].
Héctor Mondragón señala otro ejemplo evidente del conflicto de intereses en las
relaciones transnacionales-gobierno de Colombia: “Hoy la vice ministra del
Trabajo fue la abocada de Coca Cola y Nestlé. Así se explica la facilidad de
como se están despidiendo trabajadores de las dos transnacionales en Colombia”.
El
neocolonialismo de la transnacional en el mercado colombiano
Coca Cola llega a Colombia por la
primera vez en el año 1926 y se establece definitivamente en el 1942, bajo la
inversión de cuatro industriales antioqueños que colocan 10.000 dólares para
realizar una planta embotelladora en Medellín y después otras tres en Cali,
Bogotá y Cúcuta. La poderosa cordada de empresarios antioquenos representada
por Daniel Peláez, Alberto Mejía, José Gutiérrez y Hernando Duque (grupo
Fontibón) ha continuado hasta hoy a dirigir Panamco Indega, ampliando sus
intereses al sector alimentario, financiero y de la comunicación
radiotelevisiva.
Desde 1951, Coca Cola entrega el
monopolio de la producción, embotellamiento y distribución de sus productos en
el país a Panamco Indega Colombia, filial de Panamerican Beverages – Panamco de Miami (Florida), impresa
controlada por el 24% de su capital accionario por Coca Cola Company la que
tiene además dos representantes en su comité administrativo [19].
Panamco Indega es actualmente
propietaria en Colombia de 3 grandes impresas productoras (Bebidas y Alimentos de Urabá, Embotelladora
de Santander, Embotelladora Román),
20 plantas embotelladoras, 71 distribuidoras de bebidas y más de 1.500 camiones
para el transporte de los productos. La impresa surte a más de 450.000
clientes, entre tenderos, bares y restaurantes, y a finales de los años noventa
su facturado fue de 650 millones de dólares, 65.000 veces más el capital
invertido en solo 60 años. Panamco genera en el país 9.600 empleos, pero
después de la campana de despidos de miles de trabajadores con estabilidad, el
80% de los empleados son subcontratados. El despedido masivo le ha permitido
reducir sus costos laborales de tres veces en el periodo 1990-2000. “Los
trabajadores que se enanchaban en la impresa a partir de la Ley 50 del ’90
ganan tres veces menos de lo que gana un trabajador con estabilidad” denuncia
SINALTRAINAL. “Prácticamente un trabajador de Coca Cola recibe un salario
mínimo y los ahorros de la impresa en mano de obra suman a 250 millones de
dólares. Así la transnacional, en diez años, ha recibido ganancias por 6.000
millones de dólares y 3.000 millones de ellos corresponden a plusvalía debida a
los trabajadores. En el mismo periodo el proceso de acumulación se ha
multiplicado por 25 veces y el patrimonio de los dueños de la impresa se ha
multiplicado de ocho veces. En este doloroso panorama de explotación se puede
entender como Coca Cola sea una de la impresa más rentable en el país”.
El modelo de expropiación implementado
por la transnacional está confirmado por el monto de los capitales que ha
exportado a Estados Unidos en la última década: más de 250 millones de dólares;
además el proceso de acumulación se ha desarrollado sin significativas
inversiones en Colombia. En la realidad el sistema productivo es totalmente
autosuficiente y Coca Cola cuenta en Colombia con sus impresas controladas para
la subministración de agua, empaques y ingredientes dulcificantes. El
misterioso concentrado es subministrado por Coca
Cola Servicio de Colombia, otra impresa fachada de la compañía. Aun la
transnacional ha montado su fabrica de neveras para entregarlas a los tenderos
de diferentes regiones del país y consolidar su presencia en el mercado. El
principal socio comercial de Coca Cola en el sector de la programación
financiera, les extranjero y se trata de la impresa McCann Erickson que maneja los sistemas informáticos de la
transnacional.
Coca Cola cuenta con extraordinarios
apoyos por parte de la autoridad estatal colombiana que la favorece con
exenciones de impuestos y reducciones de aranceles. Un caso importante es lo de
la controlada Comptec, principal
proveedora de botellas plásticas de la multinacional en América Latina. La
compañía está ubicada en la área industrial de Bogotá y tiene dos filiales en
las ciudades portuales de Buenaventura y Cartagena. En pocos años Comptec ha multiplicado sus
exportaciones a Centroamérica, Perú, Bolivia, Brasil y Ecuador, alcanzando un
facturado de más de 12 millones de dólares. El secreto de los rápidos éxitos de
Comptec en el mercado latinoamericano
es revelado por un periódico financiero: “Comptec
se ubicó en la Zona Franca para obtener los beneficios de esta posición, ya que
la totalidad de las materias primas y de los equipos de alta tecnología que
utiliza son importados. En el caso de las materias primas que entran por la
Zona Franca y que se destinen a las exportaciones, están libres de gravamen, no
tiene impuesto de arancel ni pagan IVA, y la materia prima para el mercado
nacional cuenta con un diferimento financiero, ya que el arancel y el IVA no se
pagan cuando llega la materia prima, sino al momento de trasformar las resinas,
lo que significa un beneficio financiero que puede ser trasladado a los
precios” [20]. Tampoco la
impresa tiene que pagar el impuesto de renta, que en el país es del 35%. Un
tratamiento che nadie de los pequeños y medianos empresarios industriales y
agropecuarios pueden soñarse recibir en Colombia.
La
fascinación irresistible de la reina de las gaseosas
A finales de los noventa, no se ubica
sólo el oscuro acuerdo entre los dirigentes de las embotelladoras de la
transnacional y los jefes paramilitares, sino el periodo en que Coca Cola logra
aumentar la participación en el mercado de 51 a 65%. Con una inversión de 20
millones de dólares, Panamco Colombia ha inaugurado también otra planta de
producción, Friomix del Cauca,
ubicada en Caloto, con 350 nuevos empleos. Hombre clave de la repentina
expansión de las ventas fue el entonces manager de Coca Cola en Colombia,
Salvador Almeida [21],
mexicano, que vivió la grave crisis económica de México en 1995, donde pero con
una agresiva estrategia de mercadeo logró ganar el liderazgo de la
participación de Coca Cola en el mercado nacional [22].
En una entrevista, Salvador Almeida ha
explicado la receta implementada: “Antes el enfoque había sido al mercadeo a
nuestros clientes (canales de distribución) y, con mi llegada, lo cambiamos a
los consumidores, con quienes hemos desarrollados nuevas relaciones”. Mientras
la Panamco Indaga comienza a aplicar en su negocio el ‘revenue management’,
técnica gerencial utilizada por las aerolíneas donde hay precios diferenciales
para los pedidos según la anticipación con que se compre y las marcas mejor
posicionadas, Coca Cola avía campanas para fortalecer su imagen, colocando
gratuitamente en tiendas y restaurantes 100.000 neveras y aumentando su
presupuesto publicitario más del 50% [23].
El fútbol nacional e internacional fue otro importantísimo sector para obtener
la confianza y la simpatía de los colombianos. “Coca Cola no había participado
en los últimos 15 o 20 anos en el fútbol profesional en Colombia y ahora tiene
una asociación con el Once Caldas, lo
cual ha sido muy importante para nosotros porque nos permitió estar presentes
en la comunidad de Manizales” aclaraba el manager Salvador Aldeida. La gaseosa
consiguió una presencia monopolística en los estadios del país y Coca Cola,
patrocinadora de la Coca América de Fútbol, lograba el nombramiento de Colombia
como sede de la edición del campeonato 2001.
En esa política de cambio de imagen no
han faltado los programas de beneficencia pública. El acercamiento a la
comunidad se ha dado por medio de Dividendo
por Colombia, empresa que apoya financiariamente a familias pobres, fundada
por Coca Cola junto con otras transnacionales presentes en el país (Procter
& Gamble, IBM, Suramericana) y la cadena de supermercados
Éxito. “También apoyamos a la fundación Colombia
Emprendedora, por medio de la cual estamos buscando proveer una educación
tanto en escuelas publicas como privadas, en la creación de empresas y de
empresarios” añadía Aldeida en su entrevista con los periodistas de Dinero.
El entonces gerente de Coca Cola ponía
énfasis además en el tema controvertido de la seguridad de la transnacional en
el país. A la pregunta sobre la situación más difícil que le tocó afrontar en
los años de su presencia en Colombia, Salvador Aldeida contestaba: “La
inseguridad”. “Nosotros tenemos un producto de distribución masiva y para
nosotros ha sido muy difícil enfrentar esa situación, que ha venido
deteriorándose. Hemos tenido ataques a nuestros camiones, a nuestra planta,
hemos sufrido tanto con la delincuencia común como con la delincuencia
organizada. Mi responsabilidad es velar por nuestros recursos humanos, físicos
y, principalmente, por nuestra gente. Para mí, lo más difícil es la
preocupación de que algo les pueda pasar” [24].
El manager no nombra directamente los
actores armados pero los ejecutivos de Panamco no han perdido las oportunidades
para denunciar los presuntos hostigamientos recibidos por los grupos
insurgentes. En realidad los datos presentados por la misma transnacional no
parecen comparables con los atentados y los hechos violentos de que han sido
victimas otras importantes multinacionales presentes en Colombia, sobre todo en
el sector energético-industrial. Un informe publicado por el semanal Cambio habla de los incendios de una
docena de tracto-mulas y camiones distribuidores de gaseosas en los años 91-92
en Remedios y Bucaramanga; el ataco con petardos el 10 de mayo de 1991 de las
bodegas de Coca-Cola en Itaguí (Antioquia); el bloqueo por un mes, en el
febrero de 1992, al transporte de gaseosas y cervezas entre Boyacá y Casanare,
por parte de los frentes 28 y 45 de las FARC, para obtener el pago de un
“impuesto” de 60 millones de pesos mensuales; el robo, dos años después, de
cinco carros distribuidores en Arauca por el ELN; el ataco con bombas por parte
del frente urbano ‘Resistencia Yariguíes’ del ELN del parqueadero de Coca Cola
y el incendio de 25 vehículos para obligar a la impresa a pagar un “peaje” de
400 pesos por cada canasta de gaseosas vendida (junio de 1995). Los hechos más
graves fueron cometidos presuntamente por el Ejercito de Liberación Nacional
entre el 1997 y el 1998; se trató del secuestro de cuatro empleados de la
distribuidora de Coca-Cola en Tibú (Norte de Santander) y los homicidios de
Edisón Tuistar y Ramón Siachoque Peñaranda, empleados del distribuidor regional
de Coca-Cola. Siempre en el 1998 la planta de Barrancabermeja fue objeto del
robo de ochos camiones y un atentado con bomba que causó un herido grave [25].
Crimines seguramente deprecables pero incomparables con el genocidio y el clima
constante de violaciones que afectó contemporáneamente los trabajadores de las
embotelladoras de Coca Cola.
The
militar-connection
Los máximos dirigentes de la
transnacional prefieren no explicar como hayan contrastado el clima de
‘inseguridad’ en Colombia. Hoy sabemos pero que las mayores compañías que
operan en los países más peligros de América Latina – entre ellas Coca Cola,
General Motors y Allied Signal – inscriben a sus ejecutivos en cursos
particulares de tres días, donde en cambio de 2.500 dólares, instructores
militares los adiestran a “enfrentar criminales, secuestradores y terroristas”.
La impresa de entrenamiento paramilitar preferida por Coca Cola para sus
dirigentes del área latinoamericana es la International Training Inc., ITI,
con sede en Dilley, Texas. Aquí, un equipo de diez ex militares, liderado por
Robert Lukens, oficial retirado de la Oficina de la Investigaciones Especiales
de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, les enseñan a los altos ejecutivos “a
reconocer el peligro, evitar convertirse en blanco de ataques y conducir carros
a 150 kilómetros por hora y disparar para salir de situación de peligro” [26].
La International Training Inc., ITI fue fundada en 1989 por dos antiguos
oficiales de investigaciones especiales de la Fuerza Aérea, Jerry Hoffman y
Gerald Smith en una zona rural de Virginia para entrenar originalmente
empleados federales; en el junio de 1998 se abrieron las instalaciones en Texas
para atender sus numerosos clientes particulares de América Latina [27].
Hoy en día la compañía forma parte de un conglomerado en el negocio de la
seguridad, con base en Ohio y ganancias de más de 190 millones de dólares, de
propiedad de Kroll-O’Gara. Kroll-O’Gara es dueña de Kroll
Associates, un grupo corporativo de inteligencia, y de O’Gara-Hess &
Eisenhardt Co., la cual construye coches blindados para jefes de estados y
altos mandos militares y arma vehículos de guerra como los M1114 y M1109 (‘High
Mobility Multi-purpose Wheeled Vehicle’ – Blindados con grande movilidad
multiuso) que fueron utilizados por las Fuerzas armadas de Estados Unidos en
sus recientes campañas en Somalia y Bosnia [28].
El mes de agosto de 2001, la O’Gara-Hess & Eisenhardt Armoring Company,
fue adquirida por el gigante del sector de la industria militar, Armor
Holding Inc., compañía que suministra una amplia gama de productos y
servicios para los militares y la policía de Estados Unidos y que cuenta con
ingresos anuales de 300 millones de dólares [29].
La
lucha para el control del mercado de las bebidas
Se llama Postobón la impresa líder
colombiana en el sector de las gaseosas que está enfrentando Coca Cola en la
batalla para el monopolio nacional del mercado. Propiedad de uno de los más
importantes imperios financieros del país, la Organización Ardila Lulle, dueña
de los dos mayores canales televisivos de Colombia, Caracol y RCN, Postobón
controla las conocidas marcas de gaseosas Colombiana,
Manzana y Naranja, los jugos de fruta Hit
y Mango Viche, la cerveza Cristal Oro, los Agua Cristal y Agua Caribe,
la bebida isotónica Squash y Malta Leona [30].
Hasta el 1999, Colombia era uno de los pocos países del mundo donde los
consumidores preferían tomar una gaseosa nacional a una cola negra, y Postobón
fue e las pocas compañías que superaron a Coca Cola en el mercado local. Pero
en la víspera del siglo XXI, Postobón, vio descender a 33% su presencia en las
ventas [31].
Eso fue el efecto de la agresiva
estrategia de mercadeo de Coca Cola, que lanzó nuevos productos para ocupar
otros espacios entre los consumidores.
Desde el 1996 la transnacional ha sido muy activa en el segmento de los
sabores con la introducción de bebidas como Quatro,
Taí y a fin de 1999 con Manzana Lift, incursionando con la
última en un sector que tiene el 10% del mercado total de gaseosas y que es una
de las banderas de la Organización Ardila Lulle, a través de Colombiana,
una de la bebida más popular en el país. Gracias a inversiones para el
desarrollo de gaseosas con sabor a manzana por 12.000 millones de pesos
Coca-Cola quiere repetir el éxito que tuvo en México, donde en solo tres años
cuadruplicó sus ventas, al llegar a 86 millones de cajas y convertirse en la
segunda marca de la multinacional [32].
Posteriormente, Coca Cola logró consolidar su supremacía con Sprite luego de su relanzamiento con
nuevo sabor. Otro duros golpes al grupo Postobón fueron la compra por Coca Cola
Company de las marcas de ‘Cadbury Schweppes’ por 700 millones de dólares [33]
y el lanzamiento en el agosto 2000 por Panamco de una bebida isotónica
hidratante, Powerade, que gana pronto
el 15% del mercado junto con Gatorade
(Grupo Quaker) y Squash (Grupo
Postobón) [34].
El descenso en las ventas de sus
productos y la desmedida ambición de Panamco-Coca Cola, empujaron a la
Organización Ardila Lulle a cambiar su actitud hacia la mayor competidora de la
cola negra, la Pepsi Cola, de la cual Postobón es productora y distribuidora en
Colombia. En tácito acuerdo con la casa matriz de Pepsi, hasta el año 2000
Postobón había puntado a valorizar mucho más sus productos nacionales y
anteponer su logo a las marcas de la transnacional. Para contrastar el dominio
de Coca Cola, la Organización Ardila Lulla empezó a dar protagonismo a Pepsi
Cola, y la marca pasó a ser parte de la imagen corporativa de Postobón y su
comparsa en las fachadas de las plantas de producción, en las neveras y en los
camiones de la compañía. También, para conquistar los consumidores más jóvenes
del país, Postobón ha invertido 20.000 millones de pesos en la introducción del
nuevo sabor de Pepsi y aceptó embotellar y distribuir por la primera vez la
gaseosa 7Up, corriendo el riesgo de
que este producto rivalizara con algunas de sus bebidas. El fin de esta
estrategia es noto: Pepsi-Postobón busca conquistar en menos de dos años el 30%
del segmento de las colas negras, que a su vez representan el 50% de las ventas
totales del mercado de las gaseosas en el país y que asciendan a la cifra
enorme de unos 600.000 millones de pesos anuales [35].
Entre
rebajas ficticios y encarecimientos reales
Para enfrentarse al gigante mundial de
las gaseosas, Postobón desde enero de 2000 ha desencadenado una guerra de
precios que ha condicionado fuertemente el mercado y la libertad de elección de
los consumidores. Hoy en Colombia es más barato tomar gaseosas que escoger agua
natural y el consumo de jugos de fruta naturales disminuye repentinamente, a
pesar de la grande producción de productos tropicales. Esta guerra a golpes de
rebajas empezó con la reducción en 33% del precio al publico de los jugos
Hit-Postobón. Dos días después de la medida, Panamco bajó en 30% el precio de
Coca Cola al consumidor y 40% al tendero. En consecuencia, la botella de tamaño
de 6,5 onzas, que representa entre el 11% y el 12% de las ventas totales de la
industria, quedó costando 200 pesos (hoy es de 400 pesos). Progresivamente la
reducción de los precios se ha ampliado a las botellas de tamaño más grandes y
particularmente a los envasas no retornables. Con esa estrategia las compañías
han presionado un aumento en la demanda y en la realidad después de unos meses,
Postobón y Panamco han reconocido incrementos en ventas de hasta el 30% [36].
Sin embargo, esta política ha
beneficiado muy poco a los consumidores porque se calcula que casi el 45% de
los tenderos no han trasladado las rebajas de precios al publico, así los
comerciantes se quedan con las ganancias de las deferencias de precio,
justificándolo con los altos costos de energía en que incurren para refrigerar
las bebidas.
Hay que añadir que la guerra de los
precios estalló después que en 1999 SIC-Superindustria (Superintendencia de
Industria y Comercio) abrió investigación para indagar las grandes industrias
de gaseosas por un supuesto “acuerdo sobre los precios”. En particular, la SIC,
que tiene la función de averiguar preliminares sobre infracciones a las
disposiciones sobre promoción de la competencia y practicas comerciales
restrictivas, sospecha que el aumento de precios de los años 1997-98 de las
bebidas suaves ha sido fruto de un acuerdo entre Panamco-Indega, Postobón y
Bavaria. La investigación remonta a 1997, cuando los dos primeros días del mes
de mayo, Panamco el primero y Bavaria y Postobón simultáneamente después, incrementaron
el precio de sus gaseosas. Las tres compañías coincidieron en el precio de la
presentación de un litro, mientras Postobón y Panamco fijaron precios iguales
para las presentaciones de 2 litros, litro y medio, 12 onzas, 6 y media onzas,
y en la presentación en lata. En junio 13 de 1998 las tres compañías, de manera
simultánea, incrementaron nuevamente el precio de las gaseosas y eso ocurrió
también otra vez el 12 septiembre del mismo año. Al mismo tiempo, la SIC ha
investigado a cada una de estas empresas por repartición de mercados, es decir,
por llegar a acuerdos que tienen como efecto la repartición de mercados entre
productores y entre distribuidores. La SIC “encontró evidencias de que las tres
empresas asignan zonas exclusivas y excluyentes a sus distribuidores, los
cuales son empresas independientes y que tiene derecho a la libre competencia” [37].
Se trata de un comportamiento
seguramente detestable y si se comprobaría judicialmente, podría costar a las
impresas sanciones que van desde 3.000 salarios mínimos mensuales hasta su
liquidación. Colombia todavía es el país dispensador de impunidad y ninguna
medida fue tomada para penalizar el presunto acuerdo de cartel.
Hoy la lucha se ha trasladado en la
búsqueda de siempre más amplios segmentos de población juvenil, la más sensible
a las persuasivas campañas publicitarias de las impresas. En este sentido hay
que subrayar las amargas conclusiones de SINALTRAINAL en la tercera audiencia
popular de Bogotá sobre los crimines de Coca Cola: “Cuando alguien se toma una
Coca Cola debe recordarse los testimonios que aquí nos han contado los
compañeros. Esa imagen relativamente juvenil, aparentemente feliz que Coca Cola
proyecta en sus propagandas no es más que una imagen que reflezca toda una
acción macabra, toda una política determinada a acumular cada vez más capital”.
[1] Foro situación laboral en Colombia, “Declaración política.
Segunda sesión Audiencia Popular ‘Héctor Daniel Useche Berón’”, Bruselas, 10 de
octubre de 2002.
[2] Foro situación laboral en Colombia, “Declaración política.
Primera sesión Audiencia Popular ‘Héctor Daniel Useche Berón’”, Atlanta, julio
20 de 2002.
[3] Para conocer los
contenidos de la declaración final de la Audiencia pública popular de Bogotá,
se consulte la página web www.terrelibere.it/cocacolacolombia_esp.
[4] Audiencia
pública popular ‘Colombia Clama Justicia’, “Reparación integral de las
victimas”, Bogotá 5 de diciembre 2002, en
www.terrelibere.it/cocacolacolombia_esp.
[5] Resource Center of Americas, “Guatemala:
Coca-Cola Workers’ Union Threatened”, Press communicate, October 16, 2002.
[6] El pasado 16 de enero, soldados
de la Guardia Nacional de Venezuela han tomado la embotelladora de la ciudad de
Valencia de Panamco-Coca Cola a la que acusaban de acaparar productos en medio
del "paro cívico" de 47 días contra el gobierno. (“Soldados toman
plantas de bebidas en Venezuela”, 17 de enero 2003, Actualizado: 9:19, CNN
en español).
[7] R. Kalyadan, “India: Coca-Cola swallows
villagers' fresh water”, Green Left
Weekly, May 22, 2002.
[8] El homicidio de Isidro Segundo Gil Gil ocurrió después que el
gerente de la impresa Rigoberto Marín fue visto hablar con los paramilitares
adherentes a las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia).
[9] Cfr. David Bacon, en Znet http://www.zmag.org/ltaly.
[10] SINALTRAINAL, “Denuncia pública: ‘Sigue la represión contra los
trabajadores al servicio de Coca Cola y organizados en SINALTRAINAL”’, Bogotá,
noviembre de 2002.
[11] Hasta el 3 de Enero de 2003, Alfredo Porras no había sido puesto
a disposición de la autoridad competente y permanecía en las instalaciones de
la V Brigada en Bucaramanga.
[12] Dirección Nacional SINALTRAINAL–Colombia, “Detenido ex trabajador
de Coca Cola en Colombia”, Bogotá, Enero 3 de 2003.
[13] S. Nicholson “Urgent action needed for SINALTRAINAL leader William Mendoza”,
Montana Human Rights Network, January 23, 2003.
[14] A. Mazzeo, “Coca
Cola Crimes”, agosto de 2001, www.terrelibere.it/cocacola.
[15] “Los paras contra Coca-Cola”, en Cambio, Febrero 8, 1999, pp. 14-21.
[16] Ibidem.
[17] Ibidem.
[18] En la junta directiva del Morgan-Chase hay integrantes y
directivos de otras notorias transnacionales, todas con fuertes intereses en
Colombia: las petroleras Exxon-Mobil, Chevron-Texaco y BP-Amoco;
la Honeywell (filial de General Electric); la gigante de
telecomunicaciones AT&T, las impresas químicas Du Pont y Monsanto
(la última productora del glifosato utilizado en las fumigaciones de la coca);
la United Technologies que produce la mitad de los helicópteros del Plan
Colombia.
[19] El 88% del facturado de Panamco es generado actualmente de la
producción y comercialización en toda América Latina de las bebidas con marca
Coca Cola, mientras el restante monto sale de la distribución en el mercado
suramericano de las conocidas cervezas europeas Kaiser y Heineken.
[20] “Los genios de las botellas”, en Dinero, Febrero 12 de 1999, pp. 56-58.
[21] En el junio de 1999, Salvador Almeida sale de Colombia y viaja a
Buenos Aires a encargarse de ‘Femsa’, el segundo mayor embotellador de Coca
Cola en Latinoamérica. Nuevo presidente de Coca Cola de Colombia, es nombrado
el ecuatoriano José Luis Murillo, ya dirigente de la impresa en Ecuador y
Bolivia.
[22] Los métodos utilizados para monopolizar el mercado mexicano de
las gaseosas fueron denunciadas por la Cooperativa Pascual, productora
de la bebida histórica nacional ‘Boeing’: Sobornos a políticos para obtener
licencias de venta y regalos a tenderos para eliminar la distribución de los
productos de la Cooperativa. En un panorama marcado por graves violaciones de
los derechos laborales, la transnacional ha contado en México con dirigentes de
altísimo perfil político y financiero: director de Coca Cola fue Vicente Fox,
hoy presidente de la República, mientras presidente de la más grande compañía
embotelladora de Coca Cola en el país, Fomento Económico Mexicano es uno
de los hombres más ricos de América Latina, Eugenio Garza Laguera con un
patrimonio personal de 2.100 millones de dólares y una participación del 25% en
el Grupo Financiero Bancomer, el segundo banco de México. En marzo de
1999, Bancomer se declaró culpable frente a cargos de levado de dineros
por parte de Estados Unidos (En Dinero,
No. 87, Julio 2 de 1999, p. 68).
[23] En el marzo 2000 Coca Cola ha invertido otros 17.000 millones de
pesos en una nueva campaña publicitaria para mejorar su imagen en el país.
[24] “Las lecciones de Coca-Cola”, en Dinero, Junio 18 de 1999, pp. 64-67.
[25] En 1998 fueron asesinados dos distribuidores de Coca Cola, uno en
Cali y el otro dentro de la Universidad de Bogotá, sin embargo los
investigadores no han aclarado la matriz política de los homicidios.
[26] En el centro de entrenamiento hay un decálogo para enfrentar
potenciales situaciones de peligro; entre las recomendaciones se puede leer por
ejemplo “Si un pistolero esta parado a un lado de la vía o en frente, pise el
acelerador y dirija el carro hacia el asesino en vez de tratar de esquivarlo.
Con un carro a toda velocidad yendo hacia él, el asesino no podrá apuntar
cuidadosamente”.
[27] J. Akasie, “Contra el terrorismo, entrenamiento”, Dinero, Septiembre 28 de 1998, pp.
124-127.
[28] Las plantas
militares de la compañía O'Gara-Hess & Eisenhardt son ubicadas en
Fairfield, Ohio (USA), cerca Cincinnati. La impresa tienes diferentes filiales
en el mundo que producen sistemas militares para los mercados regionales: en
Lamballe Cedex (Francia), Ciudad de México y Guadalajara (México), San Paulo y
Recife (Brasil), Turín (Italia), Ginebra (Suiza) – las ultimas dos envían su
producción al lucrativo mercado de guerra de Medio Oriente y África. O'Gara-Hess
& Eisenhardt's tiene además una filial en Colombia (Bogotá) que realiza
carros blindados para el Estado y clientes particulares.
[29] Las cotizaciones de las acciones de Armor Holding Inc. en
la bolsa de Nueva York han registrado en el 2001 un crecimiento del 31%, y la
revista Fortune nominó al conglomerado
con sede en Florida, como una de “las 100 empresas de más crecimiento de
Estados Unidos”. La Armor Holding Inc. es especializada en productos y
servicios de seguridad y cuenta con miles de filiales que producen y comercian
de todo, desde chalecos antibala y polvos para tomar huellas digitales hasta
servicios de desactivación de minas terrestres. El Armour Group, sección
de servicios de la Armour Holdings fue contratado por el gobierno
británico para que organizara la seguridad de las embajadas británicas, luego
de que un diplomático fuera asesinado en un atentado con bomba que se cree está
relacionado con Al Qaeda. (Consorcio Internacional de Periodistas
Investigativos (Icij), “La guerra privatizada”, Semana, Noviembre 11, 2002, p. 66-70).
[30] En el 1999 la Organización Ardila Lulle ha ingresado en el
lucrativo sistema de las telecomunicaciones y celulares. En la producción de
cervezas los capitales de Ardila Lulle se han encruzados con los de la mayor
entidad financiera colombiana, el Grupo Bavaria. Las cervecerías de Bavaria han
monopolizado el mercado de unos importantes países suramericanos como Ecuador,
Perú y Venezuela.
[31] “Ardila revoluciona sus bebidas” en Dinero, Abril 23 de 1999, pp. 40-46.
[32] Dinero, Noviembre 19 de
1999, p. 64.
[33] Entre las marcas de ‘Cadbury Schweppes’ hay la Canada Dry, muy apreciada en Colombia,
donde hasta hoy, todavía, está manejada por Gaseosas
Lux de Postobón.
[34] Hay que decir que la conquista del mercado de las gaseosa no fue
fácil y sin dolores. Enseguida de unos graves errores de mercadeo, el escaso
éxito de nuevos sabores y la crisis social y económica colombiana, Panamco
Indaga reconoció en el 1999 un endeudamiento de 65.000 millones de pesos y una
caída de las ventas general del 22%. Por eso la impresa emitió bonos ordinarios
por 100 millones de pesos. El mayor revés de Coca Cola fue el lanzamiento de su
gaseosa Tai, con sabor a pera, que después de cuatro meses fue retirada
del mercado. En el 2001 la transnacional reconoció el fracaso del jugo para
niños multivitamínico Sonfil en
Colombia. Los dirigentes de Coca Cola admitieron sus equivocaciones en su
estrategia de mercadeo y la subestimación del poder de los niños a la hora de
elegir la bebida que quieren tomar. Sonfil
buscaba tomar el 5% del mercado de no retornables en Colombia, pero en cinco
meses su participación cayo al 3,3%. Coca Cola decidió la incursión en el
sector de los jugos enriquecidos con vitaminas después de un largo estudio de
su laboratorio de Río de Janeiro. El nombre se tomó de un jugo con leche producido
por la multinacional en España. Para resolver los problemas que se presentaron
en la publicidad de Sonfil, con la
concentración de los mensajes a las madres, Coca Cola lanzó una nueva campaña
enfocada a los niños. Contemporáneamente el jugo fue lanzado en otros países de
América Latina, dos de Europa del Este y uno de Asia (“A cuenta gotas”, en Dinero, Agosto 17 del 2001, pp. 50-52).
[35] “Resurrección de Pepsi”, en Dinero,
Abril 27 del 2001, pp. 84-85.
[36] “La guerra de Ardila (Otro round)”, en Dinero, Febrero 25 del 2000, pp.42-44.
[37] “La Ley es para todos”, en Dinero,
Enero 29 de 1999, pp. 56-59.
